sábado, 27 de octubre de 2012
Oyéndolo a él para escribir sobre 'ellas'.
jueves, 4 de octubre de 2012
El convencimiento de ser periodista, el convencimiento de ser mujer.
Por su formación, escribir acerca de estos temas es para ella un encuentro con su trabajo, una oportunidad de poder expresar su pensamiento y visión del mundo frente a situaciones que vive el país y que aprueba o rechaza, sustentado siempre con argumentos serios que demuestran la amplitud de sus conocimientos, pero nunca dejando de lado esa chispa y ese toque irreverente que la destaca aún más.
De igual forma se atreve a dar su opinión frente a sucesos nacionales que tal vez no son de su total dominio, pero que para ella representan un reto y un cambio en su dinámica de escritura, exigiéndose mucho más, y así como ella lo dice “saliéndose de su zona de confort”.
Para cualquier periodista, llegar a un medio nacional tan conocido como es el periódico El Espectador, debe ser todo un triunfo y mucho más si se gana el espacio y la oportunidad de ser publicado cada semana. Llegar a ese punto no es simple suerte o palanca, como muchos lo piensan, para Catalina Ruiz–Navarro esto fue cuestión de perseverancia, astucia y creatividad, permitiéndole entrar al medio.
Es así como nació su blog catalinapordios.blogspot.com, en donde empezó a publicar escritos cada semana, que además enviaba al editor del reconocido periódico, y aunque muchas veces no le contestaban nada, siguió enriqueciendo su espacio web, consiguiendo resultados seis meses después cuando el editor le ofreció la columna.
Los textos de Catalina y su blog se centran en los acontecimientos de la actualidad dando su punto de vista, pero a la vez trata de dar voz a las minorías, protestar contra la intolerancia. Su visión de mujer, filósofa y artista de mente abierta hace pensar a sus lectores y la convierte en toda una activista presente no sólo en las letras o en el papel, sino que junto con demás personas ha impulsado campañas y protestas contra esos entes del estado o acciones públicas que condenan la diversidad, los derechos de la mujer y la ‘soldadura’ extraña entre la religión y la constitución que últimamente declaran algunos miembros del gobierno.
Además de esto Catalina es la directora del proyecto Hoja Blanca, publique sin palanca, el cual inició como una revista y hoy es una ONG que busca dar a conocer nuevos talentos del periodismo, la fotografía y productos audiovisuales, defendiendo la libertad de expresión y causas como las nombradas con anterioridad; abriendo convocatoria pública dos veces al año, para así enriquecer su sitio e impulsar gente nueva.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Pensamientos que pesan y sentimientos que liberan. Una historia que vale.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Métodos para escribir un libro malo y perder la cabeza viendo una película.
Un lugar apropiado para quienes tienen esta preferencia podría ser un hotel lujoso, vacío y aislado durante el invierno de 1980 en las montañas de Colorado, con todas las instalaciones a disposición de su imaginación; haciendo de este el lugar perfecto para escribir una obra maestra, pero también, el lugar en que fácilmente se pueden perder los estribos y sacar al homicida que lleva dentro.
Lo anterior es el argumento de la película ‘El Resplandor’ de 1980, dirigida por Stanley Kubrick (‘La naranja mecánica’) y basada en el libro homónimo de Stephen King, conocido por sus múltiples novelas de terror y suspenso.
Recuerdo que esta película la vi de niña, pero me impactó de verdad cuándo un amigo me la regaló y la volví a ver a los 17 años. Quise verla, principalmente, por Jack Nicholson, el guasón clásico que en esta cinta encarna al desesperado personaje principal, quien coincidencialmente también se llama Jack. Este es un hombre de mal humor, cejas expresivas y afanado por escribir una novela difícil, que todo el tiempo esquiva la tinta y el papel, y termina convirtiéndose en la locura fatal de correr de manera amenazante con un hacha.
De esta manera, el hotel deja de ser el apacible hogar de una familia y se convierte en una zona de peligro para Wendy (Shelley Duvall), la esposa ingenua y para Danny (Danny Lloyd) el hijo que a través de visiones, y de su amigo imaginario Tony, descubre los secretos macabros de su nueva vivienda y predice las reacciones violentas de su padre, las cuales hacen que la actividad de la noche final sea correr desesperadamente para salvarse la vida.
Es así como el suspenso toma forma, a través de la nieve, del encierro, y de andar en triciclo sin un destino fijo, de un laberinto, de una historia que se repite en un sitio siniestro y del rostro del invitado principal de una fiesta de los años 20 anunciando su regreso tras las astillas de una puerta a punto de ser derrumbada. El Resplandor es una película que logra captar la atención de quien la ve con su maravillosa banda sonora que, con sutileza, anuncia que no todo va a estar bien; sus movimientos de cámara innovadores hacen que el espectador huya también del demente esposo corriendo por los pasillos para evitar una muerte segura, sintiendo el aliento del asesino respirarle en el cuello y viendo a la oportunidad de salir con vida alejarse cada vez más.
Por esto, este clásico del cine es el recomendado de esta semana, una película que a muchos les abrirá la mente para escribir algo, tal vez ya no deseen estar a solas y permitan que un amigo imaginario les ayude a desarrollar nuevas ideas, sin embargo, para escribir una historia como esa siempre hará falta un poco de locura, un poco de miedo y tomar el riesgo de pasar dos horas y unos cuantos minutos temiendo por la suerte de una familia extraña y por la de un libro ajeno en proceso.
martes, 4 de septiembre de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
No me oía, pero me hablaba.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Mi profesor, el candidato a la alcaldía.
Los invito a que visiten vialterna.net
En época electoral es normal que los postes, los carros y las casas nos sonrían todo el tiempo, es normal que las sonrisas sean acompañadas siempre por promesas de bienestar y de cambio, casi siempre, alusivas a los nombres, que con letras llamativas, son escritos bajo las promesas, bajo las sonrisas y que para los muchos que no figuramos en ninguna ventana, esas caras, esos gestos amables y esas promesas se vuelvan tan comunes que empezamos a sentir como si conociéramos a los dueños de la política y la foto desde siempre.
Miguel Ángel Rojas, todas las mañanas cuando camino hacia la Universidad me lo encuentro en un balcón, me mira tranquilo tras el cristal de sus gafas, con una expresión seria, la boca fruncida y las manos cruzadas sobre las letras de su nombre y abajo, el título que busca obtener el próximo 30 de octubre, el de alcalde de Armenia.
Esta no es la primera vez que veo a Miguel Ángel, lo conozco y no porque he visto mucho y a gran escala su propaganda política; lo conozco desde que fue mi profesor de redacción en el primer año de la carrera, es él quien a través de métodos, que para algunos son pasados de moda y complicados y para otros prácticos y concisos, sienta las bases para empezar a escribir y a leer bien.
Debo confesar que su rol de candidato a la alcaldía ha hecho que me acostumbre a verlo siempre inmóvil, con la misma expresión en el rostro y un girasol al lado; y que cuando lo veo, dando clase en algún salón o caminando por la Universidad, no lo vea como antes, sino que el impacto de su imagen como político sea para mí mucho más notoria, así como ese gran aviso que veo todos los días.
Tal vez Miguel Ángel no ha cambiado mucho desde que fue mi profesor, hasta ahorita, cuando aspira a un título público importante, como es el de ser alcalde, tal vez, si gana, ponga a todo su gabinete a leer ‘Cien años de soledad’ para que conozcan la joya más importante de la historia de la literatura colombiana y deje de corchar a muchos estudiantes con su rifa de crónicas y los libros grandes que pone siempre a leer.
Así como en la política, en el campo académico, las opiniones son variadas acerca de Miguel Ángel como profesor y como candidato a la alcaldía. Para algunos, este, no es santo de su devoción en ninguno de los dos roles, lo ven como un profesor bastante exigente que muchas veces no transmite bien sus ideas, otros hablan de lo sorpresivo que fue saber que aspiraba a un cargo público, pues lo creían un apático a la hora de hablar de política. Están también los que dan muy buenas referencias de él, de sus clases y de su metodología, quienes pese al grado de complejidad, el cual es resaltado por la mayoría, califican como buena la labor que desempeña y piensan que lo puede hacer del mismo modo en esa nueva meta que se ha trazado.
Siendo ahora conocido por la mayoría de los habitantes de Armenia, quienes pueden verlo como opción, como favorito o como el menos perfilado para obtener el cargo y siendo, desde antes, conocido por casi todos los estudiantes de Comunicación Social de la Universidad del Quindío que también lo perciben como un buen profesor, un hombre complicado, el futuro alcalde de la ciudad o uno de los tantos que se va a quemar, Miguel Ángel Rojas está siempre sereno, con su camisa blanca bien puesta y un girasol como escudo y aunque bajo su nombre no diga profesor, es su distintivo principal, para el cual no tiene que aspirar ni unirse a ningún partido y cuando el color de su camisa no tiene que contrastar con el fondo de un cartel, sino con un tablero en blanco y la tinta de un marcador, puede que muchos piensen, “mi profesor, el que quiere ser alcalde”.
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