lunes, 21 de abril de 2014

El adiós a mi maestro


Maestro, aún lloro su partida, es tan grande la marca que sus letras dejaron en mi memoria, que sentirlo lejos me deshace los ojos.

Gracias por haber decidido sentarse frente a un papel en blanco y dejar volar su imaginación, por ser el proyector que grabó imágenes de polvo naranja de la costa volando con el viento, por el gallo del coronel, la belleza de Remedios y la muerte de Santiago.

Gracias por inspirarme, porque si hoy le escribo es porque lo leí por primera vez a las doce años, porque su magia tocó mi realidad y esta añoranza de saberlo satisfecho y recompensado mueve mi pecho.

Gabo, qué alegría sentirlo mi compatriota, que orgullo haberlo conocido tan bien a través de montones de páginas en las que narró las mejores historias de mi vida, porque en cada frase usted fue tan tangible para mí, como la tinta que se graba en los libros, porque siento que fue mi amigo, porque me deja un ejemplo de vida y porque pude ser testigo de su genialidad, que será infinita, y que es todo un regalo para mi existencia.

Ese regalo me permitirá buscarlo cuando llegue a Macondo, cuando le pida que me lleve a conocer el hielo, esa materia tan común, que hoy es uno de sus más grandes legados.

Cuando yo llegue a Macondo, maestro, déjeme abrazarlo, déjeme darle las gracias, porque si hoy mi vida transcurre entre letras, historias y escrituras, es gracias a usted.

Maestro, gracias por vivir en esta época, porque puedo encontrarlo en sus palabras cada vez que consulte su obra. Gracias por escribir, por decidir emprender ese camino, por no ser médico ni abogado, ni contador.

Qué el cielo abrace eternamente su memoria, su imaginación que llegó a la mía, que iluminó a todos los que lo extrañamos, porque esta vida tiene gracia, gracias a los momentos que me dediqué a leerlo.

Gracias por ayudarme a comprender la vocación del amor, por mostrarme la vida de las letras, y por hacerme sentir orgullosa cada vez que alguien me pregunta si lo he leído. 

miércoles, 9 de enero de 2013

Cuando lea, recordará.


Todas las familias tienen múltiples historias, anécdotas, vivencias y recuerdos que brincan de vez en cuando en la memoria; leyendas de los miembros más antiguos, de esos tíos aguerridos y de los hermanos llorones, una herencia oral que pasa de generación en generación, así como el legado que no se cuenta, sino que se lleva sobre la cara, rasgos y maneras de hablar características de un apellido.

Una historia familiar hecha libro es el recomendado de esta semana, un recuerdo impreso que lleva como título una palabra antónima, ‘El olvido que seremos’ de Héctor Abad Faciolince.

Este es un testimonio de valentía. Un escritor que se atreve a volver a ser niño, a rememorar las costumbres católicas que tanto lo aburrían y el diablo al que le dejó de tener miedo, las cinco hermanitas que hacían que al referirse a ellos su mamá dijera “Niñas”, sus días de ir a la escuela sin ganas, sus primeras aventuras frente a una máquina de escribir y el argumento más profundo y sentido de todo este libro, el amor intenso hacia su padre y la violencia anónima de la que ha sido presa nuestro país.


Digo que esta es una narración valiente porque Abad Faciolince revive en cada una de las páginas un suceso importante de su vida, materializando sus ratos más alegres en palabras sobre el papel, pero también los instantes más dolorosos que marcaron su vida y su familia,  logrando que el personaje central, su progenitor, se convierta en una figura heroica por la pasión a su profesión, por ser padre y por el trágico final de su vida.


A medida que el lector va conociendo la historia, se hace fácil recordar a la par con el autor, darle imagen a cada palabra y rostro a los personajes, construir en la mente las edificaciones de ese Medellín de los años 60’s y, además, relacionar esas vivencias ajenas con las propias, notando que lo lírico también vive intrínseco en las experiencias personales, que todos tenemos algo que contar.

De esta manera, se hace público el amor por la presencia y el dolor por la ausencia apresurada de un padre, explicando cada detalle, reconstruyendo lo vivido de una forma magistral, haciendo sentir la emoción con la que, seguro, fue pulsada cada tecla al momento de escribir.

No temo el suponer que este relato fue escrito con un montón de fotos alrededor, enriquecidas por largas charlas con quienes aún no pasan a ser ese olvido que dicta el título, con revelaciones nocturnas, con lágrimas sobre el papel y música clásica de fondo; construyendo, con todos estos elementos, el escenario perfecto para evocar a ese hombre que pese a lo intacto que lo hace parecer cada párrafo, ya no podrá regresar de ese destino abrupto.

Sin embargo, este no es un libro triste, es el testimonio de una vida colmada de esos matices comunes de alegría y tristeza, de sonrisas y llanto, evidenciando la complejidad de ser uno mismo, de vivir entre los rituales católicos y la dulzura e irreverencia de un padre que siempre fue adversario de las costumbres más enraizadas, como la mano dura y los rezos constantes.

Al final, todos seremos una espiral de evocaciones, una esencia recurrente o escasa en la memoria de alguien, por esto, qué bueno es sentarse a repasar la vida, acordarse de gente y de momentos, o también, aprender a apreciar las memorias de otro, leer las manías de don Héctor, sus vacaciones en familia y todos esos detalles incluidos en un libro que hará que él no se convierta en un olvido, sino en un recuerdo colectivo.

Una historia de novatos.


Oliver tiene 38 años y su padre acaba de morir de cáncer. Es el momento de enfrentarse a la soledad y de seguir estático en una melancolía constante. Cuatro años antes de morir, a los 75, su padre admitió ser gay, y querer hacer algo al respecto. Es así como el presente y el pasado se entrecruzan en la película ‘Principiantes’ (‘Beginners’), de 2010, el recomendado de esta semana.

El director de esta cinta, Mike Mills, ofrece una historia repleta de flashbacks, los recuerdos del protagonista (Ewan McGregor) desde su infancia, hasta los últimos días de su padre. También nos deja ver la manera en que este personaje ve el mundo, representando su tristeza con dibujos espontáneos y reflexiones profundas acerca de su vida y de quienes lo rodean, las cuales son ejemplificadas con imágenes de la cotidianidad. Es así como la película se toma el trabajo de construir íntegramente a este personaje, consiguiendo que los espectadores reconozcamos quién es Oliver completamente.

Hal (Christopher Plummer), el padre de Oliver, es un hombre mayor, viudo, decidido a salir del closet, a “no ser gay sólo en teoría” y poder vivir libremente con una inclinación sexual escondida desde la adolescencia. Este personaje logra representar el deseo de querer expresarse y mostrarse cómo es en realidad, de disfrutar la vida y abrirse a un mundo lleno de variedad y en algunos casos, de extravagancia, que antes se encontraba restringido. La actuación de Plummer se ha considerado brillante, mereciendo así diversos galardones, entre ellos el Oscar 2011 a mejor actor de reparto.

Para terminar de complejizar la historia, está Ana (Mélanie Laurent), una actriz francesa, solitaria y atormentada por algunos fracasos amorosos, que se fija en Oliver, dándole un toque de romance a su vida tras el fallecimiento de Hal, permitiendo que evalúe sus propios miedos e identificando ese mismo sentimiento de amor en los recuerdos de su padre enamorado, por primera vez, de un hombre y en edad adulta.

Estas son las historias que hacen que ‘Principiantes’ sea  una sucesión de momentos dramáticos matizados con toques de gracia y humor poco evidente. Oliver queriendo madurar, inmerso en la depresión que provoca los cambios de la vida, con miedo de seguir y curiosidad por ver qué viene; a la vez, la vida presentándose frente a él, frente a quien vea esta película, con desparpajo, con remembranzas confusas y con ese delirio que trae la tristeza, el cual, visto desde afuera se vuelve gracioso, además de ciertos personajes secundarios que se encargan de adornar lo patético con frases frescas, como la cereza burlona sobre la falta de motivación para salir del dolor.

Una película meticulosamente editada, encarando un suceso que es poco explorado, el homosexualismo en la vejez, y haciendo de la melancolía un recurso y un modo de contar, porque está presente en las personalidades de los personajes, en la música y en el color de esta historia temeraria, sencilla y honesta que nunca deja de ser entretenida. Una cinta que, tal vez, no sea la mejor opción para quienes prefieren películas más rápidas y explosivas, pues ésta, sin caer en la lentitud, trata de ser analítica y de desmenuzar la emotividad, haciendo que éste sea un elemento extravagante y que puede darle pesadez a la historia en la perspectiva de algunos espectadores. 


La mayoría de las situaciones de la vida traen nuevos comienzos, instantes de sentirnos inexpertos en algo, de no saber qué viene o para dónde vamos, como enamorarse o tener que ver morir a alguien, sabiendo que cualquiera que sea la experiencia siempre dejará un recuerdo, un aprendizaje o una película para recomendar.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Sentada mirando hacia atrás.


Los días empezaron a verse grises. Cuando llovía, mis ojos llovían con el cielo; el famoso nudo en la garganta desarma más cuando amarra también al corazón, cuando todo el dolor se llora y se grita y, aún así, no se calma, no se apacigua.

Despertaba y su imagen estaba ahí, el dolor también. Aprendí que nunca antes había sentido tristeza o dolor real, eran una especie de simulacro del corazón, pero un dolor así es indeseable, es extremo, es como caer en picada contra un lago congelado, un punzón que rompe de adentro hacia afuera.

En esos momentos sentía como la vida se había ido para no volver, un adiós inesperado, un sentimiento compartido que se había ido de un solo lado, que se quedó medio y medio ya no puede vivir.

Lloré todo lo que no lloré nunca, un llanto inacabable, agotador, pero constante. Me pregunté por qué, sentí que todo estaba perdido, me sentí totalmente vacía, sin esperanzas de poder seguir, derrotada. Fui culpable, inocente, llena de miedo, valiente y desmedida. Nunca estuve tan perdida y tan lastimada, ya no quería seguir, no había fuerza; la felicidad decidió colgarse de un hombro masculino e irse con él, decidiéndose a no regresar.

Mi corazón y mi cerebro se dedicaron a analizar cada situación, a repensar las cosas, a trazar estrategias, a evaluar, pero sobretodo a aprender. Ninguna estrategia fue válida, ese camino ya estaba cerrado, el amor deberá regresar por un camino diferente y más largo. Aceptarlo fue difícil, aún seguía soñando con reencuentros, visualizando escenas de amor en mi mente, pero el tiempo se decidió a mostrarme que ya no había remedio, que debía darle libertad, dejar ser, dejar fluir y andar por una vía diferente a esa persona que me había dado tanto de si mismo, hacerme a un lado y buscar mi propio rumbo.

Es sorprendente como todos, a la final, terminaremos siendo un recuerdo,  las sonrisas, los instantes y la complicidad que tuve con ese ser ‘ideal’ ahora sólo vive en mi memoria, en el pasado. A veces esa imagen se materializa en lugares comunes, con la mirada esquiva y el saludo forzoso y aunque se ve igual, ya no está ahí, esa esencia ya no vive más, también se fue. Yo me siento a mirar desde esa distancia física e imaginaria, desde el balcón del agradecimiento y del adiós, a ese hombre que alguna vez me hizo tan feliz, es gracioso ver como todo se evaporó y también, la manera tan perfecta en que mi tacto memorizó la textura de su cara, el recuerdo exacto de su forma de caminar, de su risa y de su forma de hablar.

Todavía siento nostalgia al recordar esa experiencia, porque fue magnífica. Crecí tanto, son los retos los que moldean el carácter, los que nos dan las lecciones más sabias, amar y olvidar son dos vivencias que me han hecho ser mejor, que me han enseñado que la felicidad existe y que estar triste no vale la pena, que nada es para siempre y que todo hay que disfrutarlo. Siempre hay que tener la certeza de dejar un recuerdo feliz, una remembranza que sea un tesoro en la vejez. Sé que me falta mucho por aprender y por eso la vida traerá más sorpresas, más amores y más llantos, más textos iguales a este y más saludos de extraños que alguna vez fueron los más conocidos.

La prueba no ha sido superada en su totalidad, pero la vida se encarga siempre de que me sienta mucho más fuerte, de mostrarme la fortuna de vivir con la comprensión, la calidez , la ternura y la rudeza de quienes desean seguir recorriendo la vida a mi lado y sus palabras que me hacen despertar, pensar y sonreír; la fortuna que no sé en que línea de mi mano se marque, pero que la siento presente en mi futuro, el regalo de vivir, el regalo de amar, de sufrir, de aprender y de seguir de pie esperando con un abrazo lo que venga. Gracias.

sábado, 27 de octubre de 2012

Oyéndolo a él para escribir sobre 'ellas'.



La mujer ha sido y es definida todos los días, desde un principio, sin importar su género, el gusto o la opinión que se tenga de ella. Desde Eva, la tentadora, coqueta y primera pecadora de la Biblia, hasta las reinas de belleza, las monjas, las rompecorazones y las sumisas; las mujeres logramos despertar odios y amores, inspiramos películas, poemas, canciones e incluso álbumes completos. Este es el caso de Fito Páez, de su vida acompañada por féminas que lo han hecho divagar letras románticas sobre el papel, ratos de locura sobre el piano y una confesión en vivo grabada en un disco llamado ‘Mi vida con ellas’. 

Este es un álbum doble y recopilatorio, nutrido con canciones clásicas del argentino y otras menos conocidas. Al ser agrupadas bajo un título tan llamativo y personal hace que las letras y las melodías se tomen más en serio, que se conviertan en una historia de vida, en experiencias hechas disco, que además es ilustrado por dos fotos del intérprete y compositor rodeado de chicas en traje de cabaret, todas ellas, mujeres que lo inspiraron.

Cada canción incluida en este álbum evoca ciertos sentimientos, los cuales son revelados con cada palabra dicha, con la forma en que se canta a gritos o susurrando, por la melodía y su intensidad, y a la final por la manera en que incita a quienes lo oyen, a recordar su pasado o a relacionar los temas con su presente, trayendo de nuevo a la memoria a esa o ese que tal vez nunca ha salido, al ser infame que hizo llorar o a la persona maravillosa que abraza y hace reír.

El primero de los dos discos abre con la canción ‘Lo que el viento nunca se llevó’, un tema de letra elaborada, rápida y alegre. Una canción de amor, que trata de palpar con cada una de sus estrofas el elemento más real de este sentimiento, el fin; mostrando a un Fito enamorado y consciente de que después del final del amor quedará algo que el viento nunca se llevará.

Además de la anterior, ‘Mi vida con ellas 1’ contiene muchas canciones que son insignia de la carrera de Páez y logran hablar del buen amor, como ‘El amor después del amor’, ‘Dar es dar’ y ‘Un vestido y un amor’, las cuales son coreadas por el público presente y generan ese tarareo instantáneo para quienes conocemos sus letras.

Pero así como el amor se puede presentar en forma de mujer y en forma de canción; la furia y los recuerdos de la soledad son también retenidos en varios temas de esta parte del álbum, como en ‘Al lado del camino’ donde la tormenta, las resacas y una infancia difícil, se hace presente en la mayor parte de la letra, pero  en el último trozo de la canción, “…dormirte cada noche entre mis brazos…” se devuelve esa dulzura que aplaca toda esa rebeldía y nostalgia sacada casi a gritos durante cinco minutos.

Muchos piensan que las segundas partes nunca fueron buenas, pero hay excepciones. Personalmente disfruto mucho más ‘Mi vida con ellas 2’, aquí, otra vez se narran historias de amor tocando todas sus caras.

Incluye la poesía de Joaquín Sabina dentro de ‘Llueve sobre mojado’ en la voz solitaria de Fito Páez, ‘Cerca de la revolución’, una composición de Charly García cantada en su compañía y la presencia de Luis Alberto Spinetta en el momento de cantar ‘Las cosas tienen movimiento’.

En esta parte del álbum está la canción ‘Polaroid de una locura ordinaria’. Aquí se habla abiertamente de una mujer rebelde que se ríe de sus desgracias, de su sangre y que con todo ese desparpajo impresiona a Fito Páez. Esta canción hace que al mirar la caratula del disco me pregunte cuál será de esas mujeres con plumas en la cabeza, ‘la loca’ protagonista de esa historia.

La canción que finaliza todo este cuento de mujeres importantes, de mujeres claves e inspiradoras es  ‘Mariposa Technicolor’, la que quizá, es la más conocida de la enorme carrera del rosarino.
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Este es el broche que cierra una recopilación de temas que es apertura de la mirada del público, le otorga un rostro a las musas que aportaron al nacimiento de esos clásicos colmados de sentimiento, que fueron gestados en la imaginación y garganta de un hombre que desde su inicio, hasta hoy, ha logrado hacer que estas canciones sean la banda sonora de otras vidas, compartidas al lado de muchas otras mujeres.

jueves, 4 de octubre de 2012

El convencimiento de ser periodista, el convencimiento de ser mujer.

Foto cortesía Catalina Ruiz - Navarro.


No recuerdo de qué manera llegué un día a una crónica de la revista Soho, llamada ‘Una mujer prueba seis condones’ escrita por Catalina Ruiz–Navarro, pero inmediatamente la gracia y la manera tan directa de hablar de la columnista llamó mi atención, quise conocer más su trabajo y gracias a Google conocí su blog catalinapordios.com.

Catalina es barranquillera, columnista semanal de El Espectador, filósofa, artista visual y maestra en literatura. Su blog y sus escritos demuestran la visión de una mujer libertaria, espontánea, que con sus textos siempre respalda a la mujer y los derechos que todos los colombianos tenemos, aunque muchas veces obtenerlos sea una lucha constante.

Por su formación, escribir acerca de estos temas es para ella un encuentro con su trabajo, una oportunidad de poder expresar su pensamiento y visión del mundo frente a situaciones que vive el país y que aprueba o rechaza, sustentado siempre con argumentos serios que demuestran la amplitud de sus conocimientos, pero nunca dejando de lado esa chispa y ese toque irreverente que la destaca aún más.

De igual forma se atreve a dar su opinión frente a sucesos nacionales que tal vez no son de su total dominio, pero que para ella representan un reto y un cambio en su dinámica de escritura, exigiéndose mucho más, y así como ella lo dice “saliéndose de su zona de confort”.

Para cualquier periodista, llegar a un medio nacional tan conocido como es el periódico El Espectador, debe ser todo un triunfo y mucho más si se gana el espacio y la oportunidad de ser publicado cada semana. Llegar a ese punto no es simple suerte o palanca, como muchos lo piensan, para Catalina Ruiz–Navarro esto fue cuestión  de perseverancia, astucia y creatividad, permitiéndole entrar al medio.

Es así como nació su blog catalinapordios.blogspot.com, en donde empezó a publicar escritos cada semana, que además enviaba al editor  del reconocido periódico, y aunque muchas veces no le contestaban nada, siguió enriqueciendo su espacio web, consiguiendo resultados seis meses después cuando el editor le ofreció la columna.

Los textos de Catalina y su blog se centran en los acontecimientos de la actualidad dando su punto de vista, pero a la vez trata de dar voz a las minorías, protestar contra la intolerancia. Su visión de mujer, filósofa y artista de mente abierta hace pensar a sus lectores y la convierte en toda una activista presente no sólo en las letras o en el papel, sino que  junto con demás personas ha impulsado campañas y protestas contra esos entes del estado o acciones públicas que condenan la diversidad, los derechos de la mujer y la ‘soldadura’ extraña entre la religión y la constitución que últimamente declaran algunos miembros del gobierno.

Además de esto Catalina es la directora del proyecto Hoja Blanca, publique sin palanca, el cual inició como una revista y hoy es una ONG que busca dar a conocer nuevos talentos del periodismo, la fotografía y productos audiovisuales, defendiendo la libertad de expresión y causas como las nombradas con anterioridad; abriendo convocatoria pública dos veces al año, para así enriquecer su sitio e impulsar gente nueva.


Ser periodista implica enfrentarse con críticas y saber aprovecharlas, mucho más cuando lo que se escribe es totalmente subjetivo, como en las secciones de opinión, por esto el estilo de la barranquillera podría resultar para usted igual de llamativo, directo y representativo como es para mí, pero como en la variedad está el placer, puede que los lectores no compartan esta opinión y es posible que  muchos crean que sus temas son muy serios o que el punto de vista frente a estos sea totalmente adverso al de la columnista.
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Es importante y enriquecedor conocer los nuevos periodistas del país, informarse a través de medios diferentes a la televisión y saber qué opiniones frente a la actualidad existen en el medio. Catalina Ruiz–Navarro representa una percepción diferente, una Colombia vista con los ojos de mujer independiente, con un toque picante y una palabra directa que pueden llegar a hacerlo pensar, leer e incluso convencerlo de decidirse a escribir.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Pensamientos que pesan y sentimientos que liberan. Una historia que vale.


Existen momentos de la vida que son insoportables, que son pesados y también, los que nos dan una ligereza soñada en los instantes de mayor desespero y duda. El amor nos puede otorgar todas esas sensaciones, esos estados, esas vivencias, aunque si usted aún no cuenta con la fortuna, para muchos, o ese infortunio, para otros, de enamorarse, un buen libro le puede hacer sentir esos diversos cambios y sentimientos, convertirse en otra persona e incluso, tener una perspectiva diferente de la vida.

‘La insoportable levedad del ser’ es un libro escrito por el checo Milan Kundera y publicado en 1984. Esta es una novela que plantea diferentes situaciones románticas en un escenario político complicado; exponiendo formas de amar y personalidades distintas y cómo los sentimientos evolucionan, llegando muchas veces a unir la narrativa de ficción con la filosofía, dando origen a frases poéticas selectas que conmueven y llenan de emoción.

Este libro llegó a mis manos por curiosidad, por aburrimiento y por querer hacer algo diferente en unas vacaciones; esto puede ser una casualidad, uno de los términos más utilizados en sus páginas, pero sus historias han abierto mi mente y quizá por esto, esta recomendación tome un giro más personal.

El amor es un sentimiento variante, que depende de quien lo sienta, que nunca es igual, que puede recorrer muchos caminos, detenerse, morir, renacer, mutar, ser despertado por muchas personas  y que se alimenta mucho de las rutinas de la vida, del pasado individual y de las experiencias construidas a través de los años.

De esta forma, Tomás, Teresa, Sabina y Franz, los personajes principales de esta obra de la literatura moderna, van demostrando quienes son y por qué aman como aman; construyen relaciones entre ellos que pueden llegar a ser pesadas, a ser tan leves como una pluma y crean rituales y metáforas poco comunes, como mostrar el alma como si fuera un marino saludando en el momento de llegar a la costa, usar un sombrero extraño a la hora de hacer el amor, sentir las casualidades como pájaros sobre los hombros y el sufrimiento como llevar un zapato distinto en cada pie.

Para mí, esta novela ha traído grandes enseñanzas, la he leído en el amor y en el desamor, evaluando mis actitudes, el destino, el futuro, el pasado y le he encontrado muchos matices que me han hecho pensar, reír, llorar y conmoverme de una manera tan profunda que hoy decido escribir sobre ella y convertirla en un recomendado, en una historia que, creo, todos debemos conocer.

La vida es algo leve, por eso fluye con facilidad; los sentimientos, las creencias, los conocimientos y las experiencias le dan el peso, este es el que nos hace más humanos, con los pies más cerca a la tierra; sin embargo esto, a veces, puede llegar a ser insoportable. Las frases de un libro pueden darnos grandes consejos y regalarnos un peso liberador, algo que nos hace recapacitar y pensar, y, al mismo tiempo elevarnos, permitiéndonos sentir con más inteligencia, menos temor y más seguridad a la hora de amar, a la hora de vivir.